Fragmento "Manifiesta no saber firmar"

"La casa del señor Candidato también tiene nombre, se llama Gobernación. Pero creo que no es de él, porque cuando pasaron tres veranos ya no vivía ahí. Después vivía otro que se llamaba igual, pero cambian de nombre cuando llegan a vivir a esa casa porque la mayoría termina llamándose “Señor Gobernador”. Hay otra casa que se llama Alcaldía y el que vive ahí se llama Alcalde, pero al principio también se llamó igual que el otro... Candidato. ¿No saben ellos que tantos nombres pueden causar confusión? Pero prefiero a Candidato porque es bueno. Él regala comida y cuando nos lleva al hospital nos atienden; caso contrario cuando se cambian el nombre por el de Gobernador, Alcalde o Senador, ya no nos conocen. Siento que no sólo cambian el nombre, sino también el alma."

sábado, 18 de octubre de 2008

Estética y poética en la literatura Indigena Contemporanea


Por: Jorge Miguel Cocom Pech
(Para Web de Prometeo)
Durante los últimos treinta y tres años, veinticinco del siglo pasado y ocho del presente, se observa en México, -principalmente del Sureste-, el inicio de un proceso de escritura literaria en lenguas indígenas; desde luego, en otras regiones, paralelamente, este esfuerzo se venía trabajando de manera similar. Los géneros en los que se expresará lo serán la poesía, la narrativa, el teatro y, en menor cantidad, el ensayo.
Este proceso de la aparición de textos literarios en lenguas indígenas, pudo ser posible, porque es la continuidad del iniciado en los estados de Oaxaca y Yucatán en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, en el que profesores de enseñanza bilingüe comenzaron a escribir narrativa y poesía en sus lenguas maternas; aunque, tiempo después, se continuó con la escritura de obras en los géneros del ensayo y el teatro.
Pero, mucho antes, las primeras informaciones que nos daban cuenta de que había literatura procedente de las culturas y lenguas indígenas, nos llegó a través de libros que se escribieron, producto de la cruzada alfabetizadora que iniciara José Vasconcelos en los años veinte, década de inicio Las Misiones Culturales que recorrieron las comunidades más apartadas del país con el supremo propósito de enseñar a leer y a escribir así como a difundir aspectos de las manifestaciones artísticas de México, y de aquellas que vinieron de occidente. Del señuelo de aquella época, surgirán en Campeche, textos de Juan de la Cabada, Ramón Berzunza Pinto y Elsie Encarnación Medina; Antonio Mediz Bolio, Ermilo Abreu Gómez, por Yucatán; Andrés Henestrosa, que por cierto acaba de morir, Gabriel López Chiñas, Pancho Nácar, Nazario Chacón Pineda, Víctor de la Cruz, entre otros, por citar a escritores del solar oaxaqueño.
Por otra parte, en lengua náhuatl es digno justipreciar los trabajos emprendidos por el maestro Librado Silva Galeana, Marcos Matías Alonso, Natalio Hernández, por citar algunos.
A través de esta pléyade de escritores se produjeron textos bellísimos. Entre nosotros los mayas peninsulares, ¿quién no recuerda el relato que da cuenta del enano de Uxmal que erige su propia pirámide después de haber vencido al rey de esa ciudad, epopeya traspuesto del maya al español por Antonio Mediz Bolio? ¿Acaso no resulta fascinante deambular, tomados de la mano de los personajes, de los relatos “Los hombres que dispersó la danza” de Andrés Henestrosa, poeta y narrador zapoteca?
O, ¿acaso no nos lanza a la meditación más profunda y nos aquieta el alma, al oír,
“… Nunca te enorgullezcas de los frutos de tu inteligencia. Sólo eres dueño del esfuerzo que pusiste en su cultivo; de lo que logra, nada más eres un espectador. La inteligencia es como la flecha: una vez que se aleja del arco, ya no la gobierna nadie. Su vuelo depende de tu fuerza, pero también del viento y, ¿por qué no decirlo?, del destino que camina detrás de ella…?”
fragmento del pequeño, pero majestuoso libro “Canek”, que don Ermilo Abreu Gómez supo arrancar a nuestros antepasados que transmitían oralmente la gesta heroica del héroe maya, de generación en generación?
No obstante, esos esfuerzos por preservar desde la grafía de la lengua española los relatos de nuestra tradición oral, -algunos especialista la denominarían literatura costumbrista-, a través de la oralidad se continuó transmitiendo un conjunto de relatos, consejas, sentencias, conjuros y ceremonias que el día de hoy constituyen el venero cristalino en donde poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas abrevan de su fuente originaria para luego trasponerlos a la lengua castellana en los géneros literarios.
Pero, cabría preguntarse, ¿persisten en la escritura de los nuevos textos literarios de origen indígena, en nuestro caso maya, su original belleza, entendiéndose por ésta, imágenes inéditas, orquestación interna del verso, apoyadas en el potencial léxico y los giros idiomáticos, tanto en la lengua indígena como en la lengua terminal?
Para responder esa interrogación, nosotros tomamos en cuenta lo siguiente: 1) si quien estudia y analiza un texto literario escrito en, pongamos por ejemplo, poesía y no conoce la lengua indígena, sabiendo únicamente de preceptiva literaria en lengua española, el juicio que pudiera emitir será una visión parcial e incompleta, debido a que sólo lee y justiprecia en una lengua; 2) por otra parte, pero si alguien que conoce las propiedades gramaticales, potencial léxico, giros idiomáticos, habla y escribe en la lengua originaria, pero también conoce lo mismo de la lengua española, es muy posible que nos ofrezca una visión completa acerca del origen, estructura y uso de recursos literarios aplicados en el texto.
De treinta y tres años para acá, y con una vasto acervo de obras publicadas en diversas editoriales, cuya difusión y distribución se da en los estados y en la capital de la república, en pocos de esos libros se puede encontrar, en su versión a la lengua española, el empleo del lenguaje literario y, pongo en duda, que en la lengua indígena pueda estar bien escrito. Claro, en todo esto hay sus honrosas excepciones. Una de ellas, lo constituye la obra de Briceida Cuevas, de quien en, Estética melódica del verso maya contemporáneo, me ocupo de analizar y comentar sus poemas, a partir de las figuras de dicción, elementos que, no en su totalidad, constituyen el corpus de la poética y la retórica occidental, esto es, a falta de una poética en nuestra lenguas mesoamericanas; aunque, a decir verdad, es muy posible que existan otros escritores con las mismas características y perfiles.
Debo advertir que, escribir este ensayo, me mantuvo en un proceso de investigación y consulta a través de diversas fuentes documentales tanto de mi país como en el extranjero.
Una vez electo el tema, lo demás fue repasar textos literarios escritos en lenguas indígenas de México, y de América, que tuvo el propósito de localizar y analizar los elementos mínimos y básicos de su formulación normativa, al mismo tiempo que se consultaban teorías que tuvieran relación con la poética contemporánea, desde luego, muy distinta de los postulados originales establecidos por Aristóteles.
¡Cómo me hubiera satisfecho leer las obras en sus lenguas maternas! Sin embargo, por desconocerlas –con excepción de la lengua maya de la soy hablante-, solamente tuve que atenerme a los textos traducidos en español; por lo que, –advierto- tengo de ellas una lectura y una opinión parcial; no obstante esta limitación, encontré en la lectura y análisis de los textos de poesía y narrativa, ciertos niveles de escritura que, por no decirlo de otro modo, distinguen a unos de otros. Uno de ellos, quizá el más observable es el manejo de recursos expresivos que alientan su formulación y construcción “estética”. Contados poetas, que se citan más adelante, se significan por el conocimiento y dominio de la lengua española que, aplicados en la traducción de sus textos, muestran su oficio literario, sobre todo, en los poemas escritos en verso libre, estructura dominante en la escritura de la mayoría de los textos de poesía en lengua indígena; en otros, es muy notoria su pobreza de léxico y sintaxis; desde luego, no nos es ajeno que, una de las corrientes vanguardistas, señala que al escribir textos de poesía, el poeta queda en libertad de usar o no la puntuación gramatical que, entre otros propósitos, -que no los únicos- es que el texto pueda leerse y entenderse de muchas maneras.
Sin lugar a dudas y a pesar del rechazo que manifiestan algunos escritores en lenguas indígenas de que no vale la pena estudiar y aplicar normas que procuren la creación estética en la escritura de la poesía y la narrativa, opinión que por fortuna no es generalizada. Según ese punto de vista, “uno como poeta o narrador deja de escribir como los mayores y es influido por la cultura occidental, alejándose del influjo portentoso de la tradición oral, su veta originaria”. De ahí que, para evitar ser y escribir como “el otro” que nos ha impuesto su lengua y su cultura, se estima no asirse a los cánones de la preceptiva literaria occidental, sino el de preservar la escritura “como nos lo cuentan o como lo oímos de los mayores, herederos de la oralidad ancestral”.
Y que me quedaba pensando, ¿acaso en los últimos 50 años, proveniente de nuestras lenguas indígenas, hubo poesía oral? Bueno, cuando uno escucha las pláticas y las narraciones de los abuelos y, -que quede claro-, las relaciona con textos de poesía occidental que se ha escuchado en la escuela, pienso que también en nuestra lengua hay formas estéticas que provocan el gozo del espíritu al oírlas, como los poemas con ritmo y métrica tradicional en la lengua española. Sólo que lo nuestro, la literatura indígena contemporánea, aún carece de un conjunto de ¿normas? que, atendiendo a sus sistemas prosódicos, métricos, léxicos y semánticos puedan convertirse en una propuesta para la escritura de textos, si no con estética perfecta, pero que contengan los elementos mínimos que conmuevan a sus destinatarios, sean éstos hablantes o no de lenguas indígenas, pero que, al oírlos desde su traducción a la lengua terminal, perciban la presencia de recursos léxicos, eufónicos, metafóricos, pudiendo justipreciar que, quien los escribió, es un artista de la palabra, sea éste poeta o narrador.
No, no concibo que la literatura indígena contemporánea, que recién se escribe en México y en América, y que empieza a admirarse por lectores del mundo occidental, sólo sea fecundada por la inspiración de las musas y otras tonterías que heredamos de la bohemia del romanticismo. Particularmente, y puede que me equivoque, creo en el estudio de la teoría literaria y otras disciplinas relacionadas con la producción de textos literarios, porque ésta nos permite reencontrar en lo nuestro, la potencialidad y la exuberancia de sus recursos expresivos, léxicos y semánticos que sí existen en nuestras lenguas nativas, pero que hay que hacer un esfuerzo de localizarlas y trabajar con ellas en los momentos de la creación. De ahí que, no pienso que no debamos descartar el estudio de las poéticas ajenas a la producción de nuestra poesía en lenguas indígenas.
Por eso, creo que saber cómo se escribe un poema con recursos estéticos, proveniente del mundo occidental, no estorba, sino que enriquece la propuesta literaria indígena contemporánea, originada ésta desde la simiente de la tradición oral, así como de contados textos que se salvaguardaron durante cinco siglos, a pesar de la imposición de la lengua y cultura europea.
Hoy, los escritores en lenguas indígenas somos el resultado de una poderosa transfiguración de nuestras lenguas que conviven con otras en su proceso de interacción cada vez pluricultural. Sin embargo, el reto estriba en que, escribiendo poesía o narrativa, mantengamos nuestras raíces lingüísticas y culturales, al crear textos literarios en nuestras lenguas, sin perder su riqueza y sus posibilidades estéticas que, a mí parecer son muchas e inéditas.
Por ejemplo, los escritores en lenguas indígenas de Norteamérica, escriben en lengua inglesa sus poemas o narraciones en ese idioma, pero mantienen viva la cosmovisión que heredaron de sus antepasados. En América, por fortuna, todavía gracias a la persistencia de las lenguas que antecedieron la llegada de los europeos, se escribe literatura en lenguas indígenas. Es el caso de los poetas Elikura Chihualilaf, Leonel Lienlaf, mapuches de Chile. Un caso excepcional lo es Rita Metokosho que escribe poemas en su lengua originaria, el inuit que todavía se habla en Canadá. Y, si no es mucha mi ignorancia, es posible que en el Norte de nuestra América, hayan otros poetas que escriban en sus lenguas vernáculas.
Pero, volviendo al tema, sé que algunos de mis compañeros escritores en lenguas indígenas no comparten conmigo el que necesariamente debamos asirnos a las prácticas discursivas de accidente, pero ¿es que podemos escribir poesía o relatos en lenguas indígenas, manteniéndonos aislados de otras propuestas literarias? ¿Acaso el haiku no se emparenta con las breves sentencias poéticas con las que nos hablaron nuestros antepasados? O, ¿acaso el contenido profundo y poético de la Carta del jefe siux dirigida el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, negándose a vender sus tierras a los colonos, no es una sólida defensa ecológica a la Madre Tierra, amenazada ayer y, diría que también hoy, a quienes pretendían y pretenden depredarla? ¿Acaso, la poesía en los textos del rey poeta Nezahualcóyotl, no es también una muestra de la hondura filosófica del representante de una cultura que también se preocupaba por cuestionarse por el dolor de saberse impotente ante la finitud de la existencia? Bueno, esto son solamente algunos ejemplos de la escritura con rasgos estéticos y filosóficos con los que nuestros pueblos prehispánicos traspusieron sus preocupaciones a través de prácticas discursivas que debiéramos sumar a nuestra experiencia de escribir poesía y/o narrativa en lenguas indígenas.
Luego entonces, ¿podremos los escritores en lenguas indígenas de América o del mundo, continuar escribiendo textos estéticos sin la conciencia de la necesidad de crear o establecer una poética, si no general para todas las lenguas, pero si para cada uno de ellas?
Comparto la preocupación y opinión de Juan Gregorio Regino, poeta mazateco que, en una plática informal, me decía que todavía en México los escritores en lenguas indígenas no hemos escrito una obra literaria representativa que reúna los componentes de universalidad, debido a que necesariamente ésta pasa por asirse al pleno dominio de los recursos expresivos y lingüísticos de la lengua materna y de su traducción correspondiente a la lengua terminal. Luego, entonces, ¿por qué la ausencia aún de esta obra? La respuesta, quizá esté en que necesitamos estudiar cuáles son los componentes que se requieren para ello. Me atrevo a pensar que quienes más se han aproximado a esta obra de carácter universal son los poetas Humberto Ak’abal y Elikura Chihuailaf, claro sin menospreciar las propuestas literarias de dos poetisas mexicanas, Briceida Cuevas Cob, poeta maya de México e Irma Pineda, poeta zapoteca; además, en el género narrativo, llaman la atención los textos, entre ellos, “Manifiesta no saber escribir” de Estercilia Simanca, wayúu de Colombia y La última Muerte de Nicolás Huet, escritor en lengua maya tsotsil. Textos en donde se percibe una técnica y un oficio en su escritura, pero que requieren de un mayor esfuerzo estilístico, sin que por ello no reconozcamos que hay en sus voces la cercanía de la palabra antigua con sus naturales giros idiomáticos en los que se entreveran metáforas y otros recursos de la poesía en sus lenguas nativas. Quiero manifestar que estas apreciaciones son parciales, debido a que, como lector, sólo tuve y pude leer su versión en la lengua española. Creo que lo mismo ocurre con aquellos que no conocen la escritura en lenguas indígenas y que recientemente se ocupan de iniciar una incipiente crítica literaria a los textos de poesía y narrativa en lenguas originarias.
Sin apartarme de la temática que nos ocupa nuestra estancia en esta Universidad, comento que a fines del año pasado la Universidad Javeriana de Colombia me encomendó la tarea de dirigir una tesis relacionada con la obra de Humberto Ak’abal, un anteproyecto para la obtención del grado de maestría de Juan Sánchez y que no es hablante de ninguna lengua indígena, pero que la obra de Ak’abal lo ha motivado a reflexionar en torno a sus alcances literarios, a partir de su relación con la intertextualidad oral y la escritura contemporánea.
Por lo que, después de leer y dictaminar la propuesta del sustentante a grado de maestría en literatura “Poesía Indígena contemporánea: Memoria e invención en la poesía de Humberto Ak’abal”, me pregunté, ¿hasta qué punto las poéticas occidentales pueden responder a las características de la poesía contemporánea en lenguas indígenas? ¿Resulta acaso impertinente este ejercicio? ¿Cuál es, entonces, la recepción de la poesía indígena contemporánea entre los propios indígenas y cómo impacta en sus lectores no indígenas? ¿Cómo se inscribe, entonces, dentro de la tradición literaria mesoamericana? ¿Consiguen los escritores indígenas re-actualizar las literaturas del pasado en sus obras actuales?
La respuesta a estas interrogantes nos la da Juan Sánchez en el capítulo introductorio de su tesis cuando afirma que “estuve tentado a realizar esta investigación sin la participación explícita de críticos y teóricos no indígenas. La idea de un trabajo con sólo la voz de los intelectuales indígenas me parecía apropiada, las categorías tradicionales de los estudios literarios me parecían distantes, hegemónicas, excluyentes. Creía, por lo tanto, que sólo a partir de las categorías propias del pensamiento indígena debía leer estos textos. No obstante, pronto me di cuenta sobre la ingenuidad de mi empresa: era imposible negar mi formación y mis lecturas. El diálogo era lo que perseguía, no una exclusión a la inversa. Además, Ak’abal mismo me abrió los ojos, (porque) su poesía estaba inserta en una tradición que no era sólo indígena y, por tanto, esperaba una recepción no sólo indígena. A partir de estos cuestionamientos, a lo largo de la presente investigación vamos a escuchar la voz de críticos occidentales ya canónicos, así como de intelectuales indígenas, tal vez poco conocidos, pero igual de lúcidos. Lo que sigue es un recuento de las fuentes teóricas y las circunstancias históricas que acompañan mis comentarios e interpretaciones”.
Luego entonces, ¿es de utilidad para el escritor en lengua indígena, ocuparse del estudio y conocimiento de las figuras literarias, proveniente del amplio repertorio de la retórica y que pueden aplicarse a las prácticas discursivas con las que pretendemos hacer literatura en nuestras lenguas indígenas? Por ello, en esta búsqueda y posible formulación de una estética en nuestras lenguas vernáculas, a corto o mediano plazo, considero de vital importancia el que el escritor indígena conozca y aplique, en la creación de sus textos literarios, el alfabeto de la escritura estética. Sólo de esa manera, quizá no su condición única, estaremos en condiciones de ofrecer con el tiempo, la obra universal que tanto preocupa a Juan Gregorio Regino, y a otros escritores en lenguas indígenas que, como un servidor, queremos dejar una impronta en la literatura de México y de América. De ahí que, se hace necesario en la actualidad, vencer el miedo de ser contaminados por el influjo de otras literaturas ajenas a las nuestras que, a más de empobrecernos y dominarnos, enriquecería nuestras propuestas literarias, augurio latente de que la diversidad cultural puede convertirse en el heraldo de nuevos tiempos para la literatura indígena.

viernes, 9 de mayo de 2008

KAREN PAULINA PUSHAINA HERNANDEZ.. DONCELLA WAYUU URBANA

Karen Paulina, es una wayuu del clan Pushaina, nacida en Barranquilla el 12 de noviembre de 1.985, estudiante de 9 semestre de Ingenieria Industrial en la Corporación Universitaria de la Costa CUC. Hija de Orlando Pushaina y Ludys Hernández. Su territorio ancestral es la rancheria "El Paraiso", resguardo Caicemapa, Sur de La Guajira. Karen es bisnieta de Mamá Victoria.

jueves, 3 de abril de 2008

RASPAHIERRO PUSHAINA

Raspahierro Pushaina, autoridad tradicional wayuu de la comunidad de Orokomana, resguardo de la Alta y Media Guajira colombiana. Nació un 31 de diciembre y "Manifiesta no saber firmar"... Él cree llamarse "Rafael".

viernes, 21 de marzo de 2008

En el barrio Mareygua de Maicao, vive un artista plástico que pinta doncellas wayuu

El artista plástico Genry James Barba pintando en su estudio-taller, ubicado en el barrio Mareygua de Maicao (La Guajira),Colombia.


"Julamia" (Doncella) Autor Genry James Barba.
Técnica: oleo sobre lienzo
Dimensión: 1.55 mts X 1.17 mts



Humedal Washington, resguardo de la Alta y Media Guajira Colombiana, lugar que sirvio de inspiración al artista James Barba para plasmar en el lienzo su creatividad sobre doncellas wayuu.



lunes, 10 de marzo de 2008

The Confinement of a Little Maiden (El encierro de una pequeña doncella) Lista de Honor IBBY 2.006









INTERNATIONAL BOARD ON BOOKS FOR YOUNG PEOPLE IBBY


LISTA DE HONOR 2.006




Iwa counts the moons that separate her from her childhood while undergoing the three-year ritual confi ned and accompanied only by her mother and two elderly women, that will turn her into a special woman: a Wayuu princess. She tells us about her feelings, dreams and apprenticeship during that long night, in which she learned the traditions of her people, especially the ones related to weaving. She also remembers her childhood spent in a catholic boarding school. Her voice merges with the voice of another Wayuu woman, whose memories of Iwa’s confi nement fi nish the tale of the young girl. This story evokes the world of women in the indigenous town of La Guajira, whose traditions give them the strength to live in today’s world. Estercilia Simanca Pushaina was born in 1975, at the Wayuu Ranchería of El Paraíso in the Indian reserve of Caicemapa, in La Guajira, Colombia. Today she is a lawyer and works in for the indigenous Wayuu people. She writes poetry and stories. The book El encierro de una pequeña doncella was chosen as fi nalist in the XI Comfamiliar Award for Children’s Tales (Colombia, 2003).

COLOMBIA (Spanish)
Simanca, Estercilia
El encierro de una pequeña doncella
(The confi nement of a little maiden)
Ill. Mauricio Hernández Rincón
Barranquilla: Centro Cultural Comfamiliar, 2003
18pp; 220x220mm
ISBN 958-97031-5-1 Ages: 9–11
Colombia, Wayuu people, Tradition, Women

viernes, 22 de febrero de 2008

EL PRINCIPE DE IPAPURE

Jissis Ed, con Miguel Angel López Hernanández (Premio Casa de las Américas de Cuba, 2.000), Victor Bravo Mendoza (Escritor Guajiro), Estercilia Simanca Pushaina, Vicenta Maria Siosi Pino y Jhonz Zarate.

Jissis Ed, en Ipapure pastoreando sus chivos y ovejas.


Hola, me llamo Jissis Ed. Pallares Iguarán, pertenezco al clan Juusayuu y mi territorio ancestral es Ipapure que traduce "Lugar de Piedras", y esta ubicado en la Alta Guajira. Estudie en el colegio Britanico de Maicao (La Guajira) pero decidí este año interactuar con los niños y niñas de mi comunidad fortaleciendo de esta forma mis lazos familiares maternos. Ahhh, soy hijo de Ana Arinda Iguaran Palmar y Joel Pallares, tengo 8 años mi abuela se llama Norka y mi tia preferida se llama Titina. Me gusta la literatura y soy fiel lector de los autores wayuu como Estercilia Simanca Pushaina, Vicenta María Siosi Pino y Miguel Angel López Hernández, autores wayuu de mucho prestigio y renombre en el departamento de La Guajira Colombiana, Venezolana y en el mundo entero, soy muy afortunado en conocerlos y compartir con ellos momentos inolvidables de mi vida.
Gracias.






domingo, 17 de febrero de 2008

ESTERCILIA EN MONTREAL (CANADA) SEP. 2007


El Oratorio de Saint Joseph en Montreal es una de las estructuras más bellas del Canadá y posiblemente la más impresionante de la Provincia de Québec. El Oratorio es una Iglesia Católica que aún hoy día ofrece misas. Fué fundada por el hermano André, quien, se dice, financió la construcción con contribuciones de los feligreses.






Con Gonzalo e Isabella Peñuela


Con Catalina Montoya.


La brisa fria de Montreal, se contagio con el calor del Caribe que llevo en el alma y a todas partes.
Gonzalo, Isabella y Catalina:
Mis huellas quedaron en Montreal, mi risa, ustedes mis amigos, y los nuevos sueños que hoy empiezo a construir nacieron allá...Los llevo en el corazón.













A la Dra. Martha Lucia Piñeros de Camacho, Cónsul General de Colombia en Canadá, las gracias por acogerme en un pedacito de Colombia...Gracias.

¡BUENA POR ESTERCILIA!



BUENA POR ESTERCILIA¡
Por Jesús Iguarán

Engañar a los hombres uno a uno es mucho más difícil que engañarlos de mil en mil: por esta razón el político tiene menos mérito que el abogado o el palabrero.Jesús Iguarán

Hace poco tuve el gran placer de leer el relato "Manifiesta No Saber Firmar. Nacido: 31 de Diciembre" de la Doctora guayú Estercilia Simanca Pushaina. Cuando este gran folleto fue lanzado, fui unos de los agraciados para que asistiera a tal evento, desgraciadamente recibí el mensaje tarde y no pude ser favorecido para enriquecer mi lectura. Sin embargo el título que maneja esta joven me quedó en mente, hice el esfuerzo para obtener el librillo de este ensayo literario y en el pasado encuentro Binacional de Escritores Guajiros conocí a Estercilia y de paso adquirir de ella sus escritos monográficos de su indígena inspiración.La facilidad para improvisar relaciones entretenidas, la facilidad de su redacción y el mérito de sus escritos, hacen suponer que si se dedica de lleno al arte de las letras, sobre sale en éste cultivo, como seguramente sobre salió mientras estudiaba."Manifiesta No Saber Firmar", no es más que la radiografía de las constantes burlas en que es sometido el indígena para arrancarle su voto. A manera de suprema protesta y un notable inconformismo narra de modo inurbano el trato que son víctimas sus paisanos aprovechando la aridez de sus conocimientos. Al incluirse en su cuento como protagonista, resalta el inicio de sus estudios en el internado de Uribia, describe prácticamente el vivir de todos los indígenas que hemos vivido en suprema estrechez con la escasez, el desamparo y el olvido quienes para vencer estos flagelos, debimos desplazarnos a los orfelinatos para quitarnos de encima el virus de la ignorancia. Confirma que esta conducta engañosa, de seguir así, su resultado final, acabaría de postrar y aniquilar en beligerancia fraticida a la etnia guayú. Pueda ser que los políticos que se han favorecidos hallándolos con verdadero tacón de la mal llamada civilización, no sigan mostrándose ingratos y olvidadizos, pues que tomen plena conciencia, que hagan uso de sus aventajadas disposiciones y no dejen cobardemente que el indio siga sometido a las amarguras del desierto y del destierro, por el agua, que tanto implora y pregona.Aprovechando la orfandad de su sabiduría en la lengua española, los encargados de meterlo en el contorno de ciudadanos colombianos o más bien los funcionarios de la Resgistraduría Nacional del Estado civil, afanados por entregar con rapidez su trabajo, hasta osan en aumentarles la edad y se inventan al azar fecha de nacimiento, nombres y apellidos ficticios alimentando continuamente un error anacrónico el cual titulan 31 de diciembre Con un vocabulario de eso que usan los acreedores cuando le niegan su cobro, ésta Pushaina se atrevió a expresar su descontento mediante letras de profundo convencimiento y de esta manera crear una escuela para que de igual forma su paisanos se inclinen a exteriorizar de manera explosiva el descrédito del que es sometido a cambio de aportar su voto para elegir un altos ejecutivos y grandes legisladores.Es ella, de esas guayú que engalanan sus arengas escribiendo sobre el papel, todo el capital de su talento, el cual sirven para hacer alarde de su erudición y en pocos renglones atrapa al lector y éste goza a medida que ve fluir de sus notas, palabras fáciles desembrazadas y elementalmente compresibles.A pesar de ser dueña de un caudal de riqueza literaria, nunca ha hecho ostentación de ella, si no, por lo contrario, hace resaltar la sencillez, dando un admirable ejemplo de vida.De mi parte insto a esta joven y elegante guayú, para que siga cosechando triunfo y trabaje con orgullo en defensa de su raza, aplicando serios conocimientos sin incurrir en la pedantería., para que en el mañana Dios, la justicia y la patria les queden agradecidos por su extrahumana labor y registren sus hazañas en un rico y provechoso archivo.

HISTORIA DE UNA DONCELLA









Ella es la transición de una generación, el punto de convergencia de dos culturas; Estercilia,mitad arijuna (blanca) por su papá Hugo Simanca y de vientre wayúu por su mamá, Rita Pushaina.La tradición oral de su pueblo la ha convertido en pequeños cuentos en los que aparecen personajes muy suyos, muy cercanos y quienes de alguna manera son punto de referencia en su historia.Con sus dos mochilas, una al hombro en la que guarda su ropa de viaje, y otra terciada con sus objetos personales, recorre el territorio Caribe llevando sus leyendas, contando la vida de su comunidad y mostrando la riqueza de su extenso y abandonado territorio.Creció en esa hermosa tierra árida sembrada de cactus, donde la cría de chivos y la pesca son las actividades principales, cercada de poblaciones y corregimientos y enmarcada por un cielo azul brillante y un extenso mar que la cubre.Estercilia es una ciudadana peninsular y sus pasos los ha dejado dibujados en sus largas caminatas de ranchería en ranchería, internada en esas noches frías y estrelladas del desierto y acompañada de su sombra y de su vara de guarrarra, en sus descansos bajo la sombra del divi-divi y en los maravillosos amaneceres.De esos recorridos salió “El Encierro de una Pequeña Doncella”, un libro declarado finalista en la XI versión del Concurso de Cuentos Infantiles de Comfamiliar en el 2003, por su calidad en la narración y su aporte cultural a la región y al país...Es la historia de su amiga Iwa-Kashí (seudónimo) y su encierro en el proceso de preparación en la transición de niña a mujer. En este espacio de tiempo recibe de las mayores el patrimonio inmaterial: aprende a tejer, cocinar y a preparar la chicha; a conocer la simbología de las castas; le enseñan el papel de la mujer en la nueva familia que va a iniciar y cómo actuar frente a un conflicto, las leyendas y los ritos de su cultura. Ella será luego una transmisora de su legado. Carmen Alvarado de Escorcia, directora del Centro Cultural y coordinadora del concurso, envió como todos los años los libros ganadores a Fundalectura, (Fundación Nacional para la Lectura), institución promotora de la literatura infantil y juvenil. El texto fue nominado en el año 2005 como representante de Colombia a la lista de honor IBBY 2006 (International Board on Books for Young People), por el tema y calidad en su escritura. Este es el premio más importante en el campo de la literatura infantil y juvenil y “El Encierro de una Pequeña Doncella” aparecerá en una edición especial traducido a varios idiomas que recorrerá todas las ciudades del mundo.Estercilia está feliz y eso se observa en su sonrisa franca. Para ella este libro es como un hijo que nació y hoy a sus tres años inicia su recorrido por ferias, bibliotecas. Se siente como una niña con un “excelente” en su examen. Espera viajar, pero como es costoso está pidiendo ayudas a diferentes entidades públicas y privadas.No deja de escribir. Ese es su oficio, el que alterna con el de abogada litigante, de coordinadora del Festival Artístico Wayúu y de trabajadora social con su comunidad. Sus pasos están dibujados en toda la península de la Guajira, desde Punta Estrella hasta la Jagua del Pilar, donde purifica su espíritu y preserva sus sueños, ilusiones y fantasías.


Por: Claudia Cuello

Tomado el El Heraldo Revista Gente Caribe1 de abril de 2.006Edicion 541

lunes, 4 de febrero de 2008

Estercilia Simanca Pushaina, Teeya, una wayuu urbana


Estercilia Simanca Pushaina
Teeya, Una Wayuu Urbana



La autora nos cuenta cómo se originó el relato sobre las tradiciones de su pueblo incluido en la Lista de Honor de IBBY 2006.

Iwa, la protagonista de tu relato,recuerda durante su encierro la leyenda de la araña Waleket, “de donde dicen los viejos que los wayuu aprendimos a tejer”. Háblanos de la tradición oral de tu comunidad,¿quiénes transmiten las historias ancestrales a las nuevas generaciones?,¿en qué momento y espacio? Para responderte debo remitirme a mi niñez, fui y sigo siendo una wayuu con privilegios. De niña escuchaba los jayechis (cantos) de mi abuelo y sus increíbles historias, que de veras eran increíbles. En la ranchería El Paraíso había dos enramadas, la de mi tío Ramón y la de mi tía Rosa, en ambas hijos y nietos escuchábamos a mi abuelo.
Fue una época muy bonita, fue una infancia muy feliz, con espinas que hincaban mis pies, pero muy, muy feliz. Él ya no está pero aún vive mi bisabuela, Mamá Pitoria (Victoria). Ella dice tener 105 años y sus “historias-recuerdos” son hermosas, además a ella, como a muchos ancianos, le gusta que la escuchen. Cuando no la puedo escuchar a causa de la distancia, en cualquier enramada de La Guajira donde me encuentre siempre hablo con los viejos y los niños queestán cerca. Trato de contagiarlos de la oralidad que aún existe, esa es una de mis ocupaciones: que las nuevas generaciones escuchen, que escuchen a la manera tradicional, en una enramada en horas de la tarde, tomando agua dulce de maíz. Ante cualquier pregunta que ellos hacen, yo les digo pregúntenle al abuelo.
El abuelo habla, sin interrupciones, solo suspiros, sustos y risas. A los viejos les gusta contar, les gusta que los escuchen, pero a las nuevas generaciones casi no les gusta escuchar, casi no preguntan. Ahora ya sabes porque me siento una wayuu privilegiada, estoy llena de los “recuerdos-tesoros” que mis abuelos me regalaron, me regalan aún con sus palabras, y no te imaginas cómo quiero que cada niño wayuu se apropie de todo eso y que la Leyenda de Waleket, por ejemplo, perviva.
¿Por qué decidiste escribir en vez de transmitir tu herencia de palabras de manera oral? Decidí escribirla porque pensé en la hija que todavía no tengo. Porque observo cómo muchas de nuestras tradiciones cambian y otras desaparecen. El hecho de escribir me hace pensar que la literatura refuerza la tradición oral de los pueblos indígenas o viceversa, la tradición oral refuerza la literatura, es su fundamento. Hoy en mi resguardo y en La Guajira (a propósito del reconocimiento a mi libro en IBBY) se habla de la pequeña doncella y aún no la conocen, porque no se encuentra. Hay un ejemplar en la biblioteca del Banco de la República, la buscan, la leen, luego van donde los viejos y les preguntan si mi versión de la Leyenda de Waleket, es la correcta; algunos viejos dicen que no, otros dicen que más o menos, otros que sí. Entonces me pregunto: ¿La literatura refuerza o no la tradición oral? Si no lo hace, pone a mi comunidad a investigar, los que no se conforman con la versión que me contaron mis abuelos ponen a los viejos a contar sus versiones, las que a ellos les contaron. De alguna forma, el que yo la haya escrito convertirá la mía en la versión más acertada.
¿Cómo surgió este relato? ¿Pasaste por ese rito? ¿Se realiza hoy como antaño? Surgió cuando llegué de visita a la ranchería Cucurumana. En esos días comenzaba el encierro de una doncella, yo quise verla pero no pude porque no hago parte de su clan,ella es Uriana y yo soy Pushaina, eso por una parte, y por la otra, yo no pasé por el encierro, y las mujeres wayuu que no pasan por el encierro son consideradas, según los viejos, Irama: ciervos eternamente infantiles y rebeldes. Fue por eso que no la pude ver, me comuniqué con ella a través de una rendija de la puerta. En esos días yo también estaba organizando la Feria Wayú en Barranquilla, ella ya había ido y quería repetir la experiencia, pero no pudo. Lloró, lloró muchísimo.
Las mujeres de tu comunidad que han leído el cuento, ¿qué piensan de él? Les parece interesante que una wayuu que no haya pasado por el encierro hable de ello con mucha propiedad, con mucho dominio, que lo describa así, narrado desde la perspectivas de dos niñas, una que pasa por el encierro y no le gusta y otra que no pasa y a la que le parece fascinante todo ese ritual, le atrae lo desconocido y lo vedado, por ser mestiza y no wayuu.
¿Qué significa ser una wayuu en el siglo XXI? Para mí significa oportunidades y privilegios. Ser indígena hoy, cuando la globalización nos toca a todos, nos emparenta,es de una importancia total, ¿en qué sentido?, en el de nuestra identidad. A pesar de los cambios que ha traído este siglo nuestra identidad se reafirma; hoy al indígena le gusta ser indígena, ese es el indígena del siglo XXI.
¿Es común que las mujeres de tu comunidad salgan,estudien derecho como tú y escriban? No es que sea o no común, es que no todos tenemos acceso a la educación superior. Para mí lo realmente valioso es que si alguien de mi comunidad sale y estudia, trabaja y gana dinero, también realice una labor social con su comunidad. Existen becas para los indígenas de Colombia, y si estas becas fueran destinadas a los indígenas y no a los jóvenes que se hacen pasar por tales con ayuda de sus padres y los gobernantes de turno, nuestros indígenas tendrían acceso a la educación. Quienes lograran ese acceso serían multiplicadores de lo que aprendieran. Aquí el problema no es de oportunidades sino de justicia.
Aquí hay muchas hermanas wayuu que son abogadas y se dedican a su profesión, algunas escriben pero no han dado a conocer sus creaciones, tal vez por miedo, miedo que yo también tuve al principio, pero después me solté. Soy rebelde y nada me da pena.
¿Por qué decidiste ser una wayuu urbana?, ¿cómo lo ve tu comunidad? ¿Te acarrea alguna consecuencia? Soy una wayuu urbana, y lo sostengo, aunque a muchos de mi comunidad no les guste el término “urbana”. Quierano no, esa categorización, por decirlo así, existe, y no soy la única. La diferencia es que a mí me gusta la ciudad pero no olvido mi monte, me gusta caminar con los pies descalzos, comer con la mano, ser libre, pero la mayor parte de mi vida la he vivido en la ciudad y en una ciudad frenética como Barranquilla. Mi monte es mi monte pero me gusta la ciudad: Barranquilla, Bogotá, Cali, en fin, me gusta lo urbano.
Con este relato recibiste primero una distinción en el premio de literatura Comfamiliar del Atlántico 2003 y después uno de los más importantes reconocimientos que se dan en el mundo a los libros para niños y jóvenes: integras la lista de honor de IBBY 2006. ¿Qué significa esto para ti?, ¿y para tu gente? Significa que estoy haciendo las cosas bien, que a pesar de nadar contra la corriente y encontrar muchos obstáculos, Maleiwua (Dios) concede la victoria a la constancia. Mi constancia obtuvo un reconocimiento, y no lo obtuve en mi departamento ni en mi comunidad sino en una lista a donde solo entra lo mejor del mundo, eso significa también lo importante que son los pueblos indígenas de América. Significa compromiso y, ahora, reconocimiento a nivel nacional y local, estoy feliz, muy feliz. Mi comunidad también está feliz, lo veo cuando me felicitan, cuando se me acercan para pedirme el libro o preguntarme si en verdad soy Pushaina como ellos (Pushaina es uno de los clanes más numerosos de La Guajira). No solo he sido reconocida yo, sino toda, absolutamente toda mi comunidad.


Estercilia Simanca Pushaina, Teeya en lengua wayuu, nació en 1975, en la ranchería El Paraíso, resguardo indígena de Caicemapa (Baja Guajira).Escribe cuentos y poesía, es abogada y trabaja a favor de su comunidad en distintas instancias. Con El encierro de una pequeña doncella fue finalista en el XI Premio de Literatura Comfamiliar del Atlántico (2003) y participó en la Lista de Honor de IBBY 2006.
El encierro de una pequeña doncella Iwa cuenta las lunas que la separan de su niñez mientras cumple el rito que la convertirá en una princesa wayuu. Nos relata sus sensaciones, sueños y aprendizajes durante esa larga noche de tres años en la que aprende las tradiciones de su pueblo. También los recuerdos de su infancia, en un internado católico, y la nostalgia por un muchacho. Su voz se teje con la de otra mujer wayuu, cuyos recuerdos del encierro de Iwa completan el relato de la pequeña, que evoca un mundo distinto: el de las mujeres de un pueblo indígena de La Guajira colombiana, que halla en sus tradiciones la fuerza para vivir el mundo de hoy.
Los wayuu somos una tribu indígena, perteneciente a la familia etnolingüística arawak, habitamos en el departamento de La Guajira colombiana y venezolana, nuestro idioma es el wayuunaiki y aún conservamos muchos de nuestros usos y costumbres ancestrales. Los hombres se dedican al pastoreo y cría de caprinos (chivos) y de reses; los wayuu que viven cerca del mar se dedican a la pesca (apalanchis) y las mujeres, en su gran mayoría, se dedican a la elaboración de hermosas y vistosas artesanías, que aprenden a hacer durante un ritual llamado “el encierro”.
El encierro es uno de los ritos de mayor importancia dentro de nuestra cultura, ya que es ahí donde la niña wayuu inicia una nueva etapa en su vida. El encierro es un periodo de preparación en su transición de niña a mujer, en la antigüedad duraba años, eso dependía de estrato social de la niña, hoy puede durar semanas, días o nada.
La cercanía de otra cultura representa primero, intercambio y mezcla de formas de ver el mundo. Representa, por un lado, oportunidades, como el acceso a la educación que muchos niños y niñas wayuu tuvieron con la llegada de los capuchinos a la península de La Guajira, en los primeros internados indígenas que hubo y aun se conservan; pero también “fractura”: la misma llegada de la educación significó la prohibición de algunos de nuestros usos y costumbres. Se nos prohibió, por ejemplo, hablar wayuunaiki y que la mujer wayuu “tuviera precio”; los misioneros nos decían que a una no la pueden cambiar por chivos, collares, vacas, desconociendo el verdadero significado de la “dote” entre nosotros, que no se reduce a que la mujer tenga un valor económico sino que es algo valioso que se da a la familia de la mujer para que lo cuide y multiplique, de modo que cubra sus necesidades y las de sus hijos en caso de que ella enviude o la repudie su marido. Los capuchinos impusieron que los nuevos matrimonios entre wayuu fueran por el rito católico, cuando en mi comunidad no sabíamos cuál era su significado.
El mestizaje implica hoy, paradójicamente, sentirse más wayuu, más auténticos. Observo con gusto como hijos de “alijunas” con wayuu se sienten más wayuu que mestizos, más wayuu que los hijos de wayuu con wayuu. No sé de qué forma nos ha tocado la vergüenza étnica que vivieron nuestros padres y abuelos, a causa de la discriminación que les infringieron, para que las nuevas generaciones nos sintamos orgullosos y dignos de ser wayuu. La discriminación aún existe, lo que no existe es que uno se sienta discriminado. Es natural que el mestizaje implique la pérdida de algunos elementos de nuestra cultura, pero hay otros que perviven, como la importancia que le damos a los sueños, nuestro idioma, el wayuunaiki (claro que con una u otra palabra en castellano), nuestras mantas, que siempre serán largas, con una que otra innovación; las que ahora muestran las diseñadoras colombianas, en las grandes pasarelas de Europa, no están tan lejos de las innovaciones que han hecho mujeres mestizas en los almacenes de mantas de Maicao.


Por: Maria Cristina Rincon y Janeth Chaparro

Revista: Hojas Nuevas de Lectura

Fundalectura

La denuncia es arte: 'Póngale la firma'


Enero 29 de 2008


La denuncia es arte: 'Póngale la firma'

La obra denuncia las maniobras politiqueras en La Guajira, donde, según los wayús, algunos políticos llegan con promesas y les piden inscribirse en el censo electoral, aunque no sean mayores de edad.

La joven artista Alis Bonilla (der.) clasificó al Salón Regional de Artistas con su colección de cédulas. Las tiene expuestas en Riohacha.
Alis Bonilla envió al Salón de Artistas la muestra de cédulas falseadas que les expiden a los wayús.
Como obra de arte es bastante insólita. Como denuncia lo es aún más: se trata de decenas de fotocopias de cédulas de personas de la comunidad wayú que están pegadas en la Casa de la Cultura de Riohacha.No tendría mucho de raro si no fuera porque, según estos documentos, todos los cedulados nacieron un 31 de diciembre. Pero eso no es todo. "Muchas cédulas tienen nombres como Goodyear, Chichone o Payaso. Y todas dicen 'manifiesta no saber firmar', aunque ellos sí saben. Es un atropello", cuenta Alis Bonilla, artista de 21 años, que presenta este trabajo bajo el nombre Póngale la firma, en el Salón Regional de Artistas del Caribe, que organiza el Ministerio de Cultura. Eduardo Hernández, de la curaduría Mal de Ojo, que avala la obra, defendió el sentido de este trabajo."Que pongan a alguien Palo Verde o Goodyear es una vergüenza y una agresión contra la identidad, y más que los lleven a ser mayores de edad para usufructuar su potencial electoral. La obra está en el Salón porque creo que el arte contemporáneo se mete con la comunidad. No se trata de que un grupo lo entienda sino que el arte es para todos". Semejante historia macondiana empezó a darse a conocer porque Estercilia Simanca, una abogada wayú, de 32 años, escribió el relato en su blog (http://www.manifiestanosaberfirmar.blogspot.com/).Allí narra cómo los políticos de la zona, por décadas, han llegado en época de elecciones en sus camionetas "con aire acondicionado", con la promesa de un puente o una escuela, para llevarse a cedular a los wayú. Cuando leyó el texto de Estercilia, Alis, la artista, comenzó su aproximación al problema: "Me fui para la comunidad y me dijeron que muchos políticos los llevaban a la Registraduría sin importar su edad. Allá ni preguntaban la fecha de nacimiento, porque tenían que tener 18 años, y les ponían 31 de diciembre como día de nacimiento".'Sí saben firmar'Como no pronunciaban bien el español, les cambiaban los nombres. "Me contaron también que solo les miraban el aspecto sin preguntar si sabían escribir o no y el funcionario escribía: 'manifiesta no saber firmar', en la parte donde va la firma". En la Registraduría de Uribia (Guajira) le dijeron que ellos manifestaban no saber firmar y le argumentaron que ponen el 31 de diciembre como fecha de nacimiento porque un decreto dice que cuando una persona desconoce la fecha de nacimiento, se escribe 31 de diciembre. "Nunca me dijeron cuál decreto era ese", sostiene la artista. Así, la joven propuso a los wayú emprender una acción artística con la que participa en la curaduría Mal de Ojo, del Salón Regional de Arte. "Nos reunimos en la Registraduría de Uribia, y Estercilia leyó: 'Manifiesto no saber firmar'. Cerca de 30 personas habían sacado fotocopias ampliadas de la cédula y salimos a pegarlas en la fachada de la registraduría", recuerda y agrega que muchos le dijeron que sí saben escribir y firmar. El registro de esa acción artística es lo que se ve en la casa de la Cultura de Riohacha. "Ellos me decían -cuenta Alis- que no les entregaban la cédula enseguida sino en elecciones. Entonces, los políticos del momento los llevaban para dárselas y, luego de votar, a algunos les retenían la cédula. Para mí es una crítica que denuncia, porque ellos están siendo atropellados". La abogada Estercilia Simanca, recuerda que en la década de los 80 esta costumbre era algo que se veía a menudo y que, si bien ya no es tan común, en las recientes elecciones de octubre volvió a suceder y por eso ella lo cuenta en su texto. "Me contaron también que (a los indígenas) solo les miraban el aspecto sin preguntar si sabían escribir o no y el funcionario escribía: 'manifiesta no saber firmar', en el espacio donde debería aparecer la firma".Alis Bonilla, artista autora de 'Póngale la firma'.
Registraduría se defiende
Sorina Amaya, funcionaria de la Registraduría en Uribia, admite que muchos políticos acostumbran llevar a los wayú a votar, pero cuenta que actualmente ese despacho hace brigadas de cedulación y registro civil. Antes, cuando el registro civil lo manejaban las notarías, poner como fecha de nacimiento el 31 de diciembre era algo común, dice, de acuerdo con una ley según la cual "se pone el último día del año, cuando una persona no sabe el día en que nació", cosa muy frecuente. "Llegan con varios niños y dicen: este tiene diez y este siete", dice. En cuanto a los nombres, asegura que los wayú los escogen: "Dicen que lo pongan Rafico o Joseíto, por ejemplo. Uno les dice que lo pongan Rafael o José". Respecto a que no saben firmar dice: "En épocas anteriores no sabían firmar. Hoy sí, pero, a veces, se ponen nerviosos".


DIEGO GUERRERO ENVIADO ESPECIAL RIOHACHA ESTA NOTA FUE REALIZADA GRACIAS A UNA INVITACIÓN DEL MINISTERIO DE CULTURA