Fragmento "Manifiesta no saber firmar"

"La casa del señor Candidato también tiene nombre, se llama Gobernación. Pero creo que no es de él, porque cuando pasaron tres veranos ya no vivía ahí. Después vivía otro que se llamaba igual, pero cambian de nombre cuando llegan a vivir a esa casa porque la mayoría termina llamándose “Señor Gobernador”. Hay otra casa que se llama Alcaldía y el que vive ahí se llama Alcalde, pero al principio también se llamó igual que el otro... Candidato. ¿No saben ellos que tantos nombres pueden causar confusión? Pero prefiero a Candidato porque es bueno. Él regala comida y cuando nos lleva al hospital nos atienden; caso contrario cuando se cambian el nombre por el de Gobernador, Alcalde o Senador, ya no nos conocen. Siento que no sólo cambian el nombre, sino también el alma."

domingo, 17 de febrero de 2008

HISTORIA DE UNA DONCELLA









Ella es la transición de una generación, el punto de convergencia de dos culturas; Estercilia,mitad arijuna (blanca) por su papá Hugo Simanca y de vientre wayúu por su mamá, Rita Pushaina.La tradición oral de su pueblo la ha convertido en pequeños cuentos en los que aparecen personajes muy suyos, muy cercanos y quienes de alguna manera son punto de referencia en su historia.Con sus dos mochilas, una al hombro en la que guarda su ropa de viaje, y otra terciada con sus objetos personales, recorre el territorio Caribe llevando sus leyendas, contando la vida de su comunidad y mostrando la riqueza de su extenso y abandonado territorio.Creció en esa hermosa tierra árida sembrada de cactus, donde la cría de chivos y la pesca son las actividades principales, cercada de poblaciones y corregimientos y enmarcada por un cielo azul brillante y un extenso mar que la cubre.Estercilia es una ciudadana peninsular y sus pasos los ha dejado dibujados en sus largas caminatas de ranchería en ranchería, internada en esas noches frías y estrelladas del desierto y acompañada de su sombra y de su vara de guarrarra, en sus descansos bajo la sombra del divi-divi y en los maravillosos amaneceres.De esos recorridos salió “El Encierro de una Pequeña Doncella”, un libro declarado finalista en la XI versión del Concurso de Cuentos Infantiles de Comfamiliar en el 2003, por su calidad en la narración y su aporte cultural a la región y al país...Es la historia de su amiga Iwa-Kashí (seudónimo) y su encierro en el proceso de preparación en la transición de niña a mujer. En este espacio de tiempo recibe de las mayores el patrimonio inmaterial: aprende a tejer, cocinar y a preparar la chicha; a conocer la simbología de las castas; le enseñan el papel de la mujer en la nueva familia que va a iniciar y cómo actuar frente a un conflicto, las leyendas y los ritos de su cultura. Ella será luego una transmisora de su legado. Carmen Alvarado de Escorcia, directora del Centro Cultural y coordinadora del concurso, envió como todos los años los libros ganadores a Fundalectura, (Fundación Nacional para la Lectura), institución promotora de la literatura infantil y juvenil. El texto fue nominado en el año 2005 como representante de Colombia a la lista de honor IBBY 2006 (International Board on Books for Young People), por el tema y calidad en su escritura. Este es el premio más importante en el campo de la literatura infantil y juvenil y “El Encierro de una Pequeña Doncella” aparecerá en una edición especial traducido a varios idiomas que recorrerá todas las ciudades del mundo.Estercilia está feliz y eso se observa en su sonrisa franca. Para ella este libro es como un hijo que nació y hoy a sus tres años inicia su recorrido por ferias, bibliotecas. Se siente como una niña con un “excelente” en su examen. Espera viajar, pero como es costoso está pidiendo ayudas a diferentes entidades públicas y privadas.No deja de escribir. Ese es su oficio, el que alterna con el de abogada litigante, de coordinadora del Festival Artístico Wayúu y de trabajadora social con su comunidad. Sus pasos están dibujados en toda la península de la Guajira, desde Punta Estrella hasta la Jagua del Pilar, donde purifica su espíritu y preserva sus sueños, ilusiones y fantasías.


Por: Claudia Cuello

Tomado el El Heraldo Revista Gente Caribe1 de abril de 2.006Edicion 541