Fragmento "Manifiesta no saber firmar"

"La casa del señor Candidato también tiene nombre, se llama Gobernación. Pero creo que no es de él, porque cuando pasaron tres veranos ya no vivía ahí. Después vivía otro que se llamaba igual, pero cambian de nombre cuando llegan a vivir a esa casa porque la mayoría termina llamándose “Señor Gobernador”. Hay otra casa que se llama Alcaldía y el que vive ahí se llama Alcalde, pero al principio también se llamó igual que el otro... Candidato. ¿No saben ellos que tantos nombres pueden causar confusión? Pero prefiero a Candidato porque es bueno. Él regala comida y cuando nos lleva al hospital nos atienden; caso contrario cuando se cambian el nombre por el de Gobernador, Alcalde o Senador, ya no nos conocen. Siento que no sólo cambian el nombre, sino también el alma."

lunes, 7 de marzo de 2011

DAÑO EMERGENTE, LUCRO CESANTE.



¿Por qué todos me culpan de lo que pasó? Yo solo quería llevar el carbón al mercado de las pulgas, para poderlo vender. Nunca quise hacerle daño, él ya estaba acostumbrado a llevar el carbón, nunca lo sentí molestarse, siempre estaba dispuesto, era muy voluntarioso. Uno aprende a conocerlos bien, uno ya sabe cuando ellos no quieren cargar algo, espabilan y espabilan sus grandes ojos y agachan la cabeza. Pero él no era flojo, se sonreía cada vez que me veía salir del rancho dispuesta a buscar leña para hacer carbón y me acompañaba para cargarla y llevarla. Yo siempre lo ayudaba. Recuerdo que el pobre siempre se asustaba cuando escuchaba venir el tren, cuando escuchaba el silbato se detenía y movía su cabeza en señal de desaprobación. Muchas veces yo le decía que el tren también iba cargado de carbón, pero ese carbón no era de leña, ese carbón lo sacaban de las entrañas de Mma –la tierra-, que era como abrirle las entrañas a mamá y sacarle de a pedazos las entrañas. La gente dice que yo tuve la culpa, porque él llevaba mucho carbón, que estaba pesado, que era mucho para su edad. ¿Cual edad? si él ya tenía siete años, lo que pasa es que se veía tierno por los cuidados que yo le daba. Además el sabía y yo sé que llevaba la misma cantidad de carbón de todos los lunes por la mañanita.

El y yo nunca nos acostumbramos al tren y creo que la gente del otro lado, en el pueblo, tampoco. Ni los chivos, ni los niños ni nadie en este lugar. Desde que tengo memoria el ya estaba aquí, atravesando la Península desde Uchumüin –Sur- hasta Wüinpumüin –Norte- Dicen que llega hasta el mar y que viene un barco grande y se lleva el carbón que el tren traía, y luego el tren se devuelve a buscar más carbón arañando las entrañas de Mma –la tierra-, la que guarda la sangre de nuestros partos y el ombligo de los recién nacidos. Mi tata dice que por donde pasa el tren, estaban los cementerios de muchas familias, pero al tren no le importó, porque el tenía que pasar por ahí, porque los huesos simplemente se podían llevar de un lugar a otro y hacer un cementerio nuevo, más bonito y más blanco que el de antes, pero el tren no podía hacer otro camino, ¡NO!, el tenia que pasar por ahí, y así se hizo, aja… y así se hizo, el tren sigue pasando todos los días y los lunes por las mañanitas.

Cuando tuve que regresar al pueblo, eso fue como a los dos días, vi su sangre, ya estaba seca, Kaí -el sol- se encargó de tostarla y convertir el charco de sangre en una cáscara reseca de un color que no tiene nombre, tal vez oscura, muy oscura, casi negra, no, tal vez morada oscura, no sé qué nombre puede tener ese color, el color de la sangre seca. Aún había carbón esparcido por el suelo. En aquel momento no me importaron los sacos de carbón que se abrieron como si estuvieran pegados con saliva y no cosidos con pita, solo me importó cruzar rápidamente cuando vi venir el tren, creí que tenía tiempo, en realidad yo tenía tiempo, habríamos tenido tiempo los dos de pensar en quedarnos del otro lado de la vía del tren si hubiese pitado el silbato como siempre lo hacía, como aun lo hace todos los días y los lunes por las mañanitas, pero hace dos días no lo hizo.

Era la primera vez que lo teníamos tan cerca, nosotros siempre guardábamos la distancia, siempre estábamos lejos de él cuando pasaba y aún así sentía su fuerza debajo de mis pies, movía mi manta, despeinaba mis cabellos y él movía su cabeza en señal de desaprobación.

Rukarria Epinayú, cobró en varias oportunidades a Mushaisa, el burro que el tren había atropellado, pero los de el tren argumentaron que por donde ocurrió el accidente había, hay, un letrero grande, grandote, en el que decía, dice en wayuunaiki, el idioma de los wayuu- : “NNOJO PAAPÜIN PIKII SÜNAIN OUKTA SULU`U SÜPUNA TÜRENKAT”. Que significa: “NO ENTREGUES TU CABEZA A LA MUERTE, POR EL TREN”. Pero Rukarria Epinayú “Manifiesta no saber firmar”.
GLOSARIO

Mushaisa: Significa Carbón.
Rukarria: Nombre propio wayuu
Epinayu: Clan Wayuu, cuyo animal totémico es el venado, aunque hay quienes sostienen que es el burro, pero el burro llego con los españoles.

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