Fragmento "Manifiesta no saber firmar"

"La casa del señor Candidato también tiene nombre, se llama Gobernación. Pero creo que no es de él, porque cuando pasaron tres veranos ya no vivía ahí. Después vivía otro que se llamaba igual, pero cambian de nombre cuando llegan a vivir a esa casa porque la mayoría termina llamándose “Señor Gobernador”. Hay otra casa que se llama Alcaldía y el que vive ahí se llama Alcalde, pero al principio también se llamó igual que el otro... Candidato. ¿No saben ellos que tantos nombres pueden causar confusión? Pero prefiero a Candidato porque es bueno. Él regala comida y cuando nos lleva al hospital nos atienden; caso contrario cuando se cambian el nombre por el de Gobernador, Alcalde o Senador, ya no nos conocen. Siento que no sólo cambian el nombre, sino también el alma."

lunes, 7 de marzo de 2011

¿DE DÓNDE SON LAS PRINCESAS?



" A una princesita anónima. Porque lo único que pude hacer por ti fue esta pequeña historia, para que tu inocencia se quedara impresa en hojas de papel y de esta manera defenderte de ese dragon, aunque sea una dura fantasia"

De donde soy, las princesas no vivimos en un hermoso castillo, no tenemos una corte de honor, ni somos hijas de reyes. Tampoco vivimos al acecho de enormes dragones que lanzan fuego de sus enormes bocas. De donde soy, no hay brujas ofreciendo manzanas encantadas, ni nos regalan rosas en cuyos tallos haya espinas envenenadas que nos hagan dormir por siglos. Tampoco hay príncipes que nos despierten de ese largo sueño con un beso del verdadero amor.
El olor del café por las mañanas hecho en fogón de carbón de leña y el olor de la tierra mojada me recuerdan el olor de donde soy, de donde vengo. El olor de mi casa de barro, de piso de tierra, ¡Sí!, así es mi castillo, de barro, de tierra, rodeado de un valle de arena y de frente al mar.
Las princesas de aquí no heredamos tronos, ni andamos en carrozas. No tenemos una escolta real. Nuestras lágrimas nunca se convierten en perlas. Nuestros besos no convierten en un hermoso príncipe a un horroroso sapo. Nuestras manos no convierten en oro la hierva seca, pero si saben tejer como las arañas. No tenemos un espejo mágico que nos diga... ¡Tú eres la más hermosa del universo! ¿Para qué ser bella, si aquí en este valle de arena eso no cuenta. No hay brujas con bolas de cristal prediciendo nuestro futuro, pero si tenemos sueños que nos anuncian sucesos.
Cuando niñas, arrancamos los pichiguelos de las tunas e iguarayas de los cardones del desierto. Nos bañamos en los jagüeyes, corremos por los valles de arena dorada y nuestras huellas son borradas por los vientos del nordeste para convertirlas en dunas del desierto. Solo las huellas de las princesas se convierten en dunas. Pero cuando Kashí –la luna- nos penetra y nos hace sangrar, nos encierran. Por las noches escuchamos nuestras risas de niña llevadas por el viento para no regresar jamás. Lloramos y nos rebeldizamos en el encierro, debido a un espíritu malo nos portamos así… Ese espíritu tiene que salir, no le den comidan y saldrá. _Dicen los abuelos. Por eso solo nos dan chicha cerrera y brebajes amargos hasta hacernos vomitar y sólo cuando eso ocurre empezamos a soñar con waleket –la araña- que nos enseña a tejer. Cuando pasa cierto tiempo se nos olvida jugar, se nos olvida reír, solo tejemos y tejemos en nuestros días de encierro, contamos las lunas hasta perder la cuenta, solo esperando el día de salir.
Hace poco más de un verano, que mi hermana mayor, Sumaiwa, salió del encierro y no la he vuelto a ver. Al tercer día de finalizado su encierro un cacique de unos 60 años la vio y se enamoró de ella. Nunca lo había visto, no sabía cómo se llamaba, ni de donde era, ni para dónde se la llevaría. Mi hermana lloraba y nosotras las princesas con ella. ¿A dónde se llevaría ese horrible viejo, ese dragón, a la más bella de todas las princesas?
Pasaron algunas lunas cuando el dragón regresó con cuatro vacas dos mulas, quince chivos y algunos collares de oro y tuuma para mamá. Esa era la dote de Sumaiwa. Con desespero pregunté si la estaban cambiando. ¡No! Gritaron todos. ¡Es el matrimonio de Sumaiwa! Los animales se multiplicaran y serán el respaldo de tú hermana si ella enviuda o si es abandonada por su esposo. Los collares son por la sangre que ella derramará en los partos.
_ pero ella no lo quiere, no lo conoce.
_ Yo no conocía a tu padre, como tampoco tu abuela y tus tías a sus maridos. Así son las cosas aquí._Contestó mamá.
Sumaiwa, se fue llorando montada en Mawui, la mula que papá le regaló. Cuanto deseo que un beso de Sumaiwa haya convertido en príncipe a ese viejo sapo, como sucede en los cuentos de princesas que aprendí a leer aquí.
Antes de terminarse mi encierro, mientras todos dormían, escapé de mi castillo, con todas las cosas que la doncella Waleket –la araña- me enseñó a tejer en mis sueños. Seguí las risas de niñas que el viento del nordeste se lleva para no regresar jamás. Seguí la risa de la bella Sumaiwa y la risa de la pequeña Weinshi que aun juega en los valles de arena. Seguí mi risa y no volví. Mis huellas se convirtieron en dunas del desierto nadie sabe –creo- para donde fui.
Hoy veo a las princesas caminar por aquí, por este valle de cemento, pero mañana ya no las veré. Pregunté por la niña bonita que vendía artesanías en la puerta de un hotel de Riohacha, pero nadie la ha visto. Alguien me dijo que la habían entregado a un viejo cacique por dos millones de pesos una mula y un collar.

…Hoy deseo que un beso de esa bella princesita conviertan en un hermoso príncipe a ese viejo sapo, y…si ello no es así que a ese horrible sapo lo ¡APLASTE UN DRAGÓN!

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