Fragmento "Manifiesta no saber firmar"

"La casa del señor Candidato también tiene nombre, se llama Gobernación. Pero creo que no es de él, porque cuando pasaron tres veranos ya no vivía ahí. Después vivía otro que se llamaba igual, pero cambian de nombre cuando llegan a vivir a esa casa porque la mayoría termina llamándose “Señor Gobernador”. Hay otra casa que se llama Alcaldía y el que vive ahí se llama Alcalde, pero al principio también se llamó igual que el otro... Candidato. ¿No saben ellos que tantos nombres pueden causar confusión? Pero prefiero a Candidato porque es bueno. Él regala comida y cuando nos lleva al hospital nos atienden; caso contrario cuando se cambian el nombre por el de Gobernador, Alcalde o Senador, ya no nos conocen. Siento que no sólo cambian el nombre, sino también el alma."

miércoles, 1 de abril de 2009

Las cuentistas de hoy en La Guajira, San Andres y Providencia y El Choco.


Resumen: Este ensayo reseña brevemente el cuento que en la actualidad escriben las mujeres en La Guajira, en San Andrés y Providencia y en El Chocó. Sugiere, así mismo, el nombre de tres narradoras que merecen la atención de lectores dentro y fuera de sus regiones y dentro y fuera del país: Lolia Pomare, Vicenta Siosi y Estercilia Simanca.
La riquísima tradición oral de estos tres departamentos de Colombia no permite dudas sobre la importancia en ellos del arte del contar. Sin embargo, a juzgar por la marcada ausencia de autoras y autores de estas regiones en la mayoría de antologías de cuento colombiano, denuncia la falta de conocimiento en el país sobre la variedad de relatos que se escriben en tales departamentos.
El presente ensayo reseña brevemente el cultivo actual del género cuento en las mencionadas regiones, particularmente del cuento escrito por mujeres, y sugiere el nombre de tres narradoras cuyas obras merecen atención de lectores dentro y fuera de sus regiones y del país: Lolia Pomare, Vicenta Siosi y Estercilia Simanca.
Este trabajo se centra en las autoras que viven en sus respectivos departamentos y que han publicado al menos un libro de cuentos entre los años 2000 y 2007. La visita a las capitales de los departamentos estudiados permitió recoger materiales en bibliotecas públicas y privadas, librerías, Casas de la Cultura y Fondos Mixtos para la Promoción del Arte y la Cultura. (1) Además de revisar el material impreso disponible, estas visitas permitieron consultar sobre el tema a escritores, críticos, promotores de la cultura, profesores de colegios y universidades y también a lugareños sin ningún vínculo laboral con la literatura. Es importante destacar que hubo acuerdo entre las personas consultadas acerca de quiénes eran las cuentistas propias de cada región.
Al desconocimiento sobre la existencia del cuento escrito, tanto en La Guajira como en San Andrés y Providencia y El Chocó, al igual que en otros lugares del país, han contribuido diversas circunstancias extraliterarias, entre ellas la falta de apoyo institucional para la publicación de libros de cuento, cierta arbitrariedad en el manejo de los programas que fomentan la producción literaria, la ausencia de librerías locales y nacionales que se propongan la distribución de la literatura de estas regiones y, por último, en lo concerniente a las políticas culturales, la falta de ejemplares de esta literatura en bibliotecas locales y nacionales. Tales factores han dificultado enormemente la lectura, la difusión y el estudio de la producción literaria de los autores regionales y han obstaculizado la ya muy precaria circulación a nivel nacional de los mismos.
En la producción literaria de las escritoras se añaden otras dificultades. Varias autoras señalan como obstáculo el temor a la censura, especialmente de parte de cónyuges hombres. La doble (y triple)jornada de trabajo de las mujeres continúa siendo un gran obstáculo para dedicarse a la escritura; en general, mencionan la falta de tiempo como la causa principal de su escasa producción literaria. En el caso de las autoras de La Guajira, estas añaden que en su departamento se agudiza este problema, debido a que la cultura wayuu asigna mucho más trabajo a la mujer que al hombre y supedita aún más la mujer a la tutela de los varones de la comunidad. Otro impedimento que mencionan tanto autoras como autores de estas tres regiones es el temor a consecuencias políticas, e incluso a perder la vida, en caso de hacer denuncias sobre las condiciones oprobiosas en que viven sus comunidades. A pesar de estas y otras circunstancias adversas a la escritura, en este momento las mujeres en La Guajira y en San Andrés y Providencia escriben y publican cuentos; no así en El Chocó.
La Guajira
En La Guajira, los dos volúmenes de la antología crítica hecha por Víctor Bravo Mendoza, Cuentos genéricos de autores guajiros (1989) y Cuentos de autores guajiros (1992) son una referencia para el estado del género en las décadas del ochenta y del noventa. Algunos de los autores allí incluidos han publicado posteriormente libros de cuentos. Entre ellos tenemos: Vicenta Siosi, El dulce corazón de los piel cobriza (2002); Abel Medina, Asombros de la tierra de los yolujás (1999) y Polaco Rosado, Cuentos Guanebucanes (1997).
No está de más mencionar algunas iniciativas personales e institucionales que han contribuido al cultivo del género, entre estas tenemos al Concurso Departamental de cuento de La Guajira, Cuente un Cuento, realizado en el año 2002; la creación de talleres que fomentan la escritura creativa, aunque su énfasis se haya centrado en la poesía, tales como "El Solar," "Atrapasueños" y "Cantos de Juliá" y la labor de las revistas culturales Ranchería, Arte y Parte y la Revista de la Universidad de La Guajira. Cabe resaltar la sistemática labor de Víctor Bravo Mendoza en la promoción del cuento y en la creación literaria. Aparte de su trabajo como cuentista, poeta y crítico, a él se deben un espacio radial para la promoción de la literatura y la dirección de numerosos talleres literarios, entre estos el de RENATA en la Guajira (Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa), que dio como uno de sus resultados la publicación del primer volumen de cuentos en el año 2007.
La mayoría de libros publicados por mujeres corresponde a poesía, algunas de estas autoras son Altagracia Carrillo Vega, Poesía para todas las edades (1999); Suanny Solano Cerchar, La ausencia, simiente del olvido (2000) y María Teresa Hinojosa, Una vida hecha poemas (2004). De los talleres de creación literaria "El Solar" y "Atrapasueños" las autoras que han difundido más su obra literaria son Solenys Herrera, Cuando la carencia no tiene género (2004); Betsy Barros, La Guajira en versos (2003); Bélgica Quintana de Márquez; Selene Romero y Lindantonella Solano. (2) Con frecuencia las escritoras de La Guajira están vinculadas a la docencia y a la investigación, como es el caso de Vicenta Siosi, Selene Romero y Verenitce Pimienta. En todas ellas hay una clara preocupación por las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales del departamento.
En cuento aparecen nombres insulares de autoras que han sido incluidas en antologías, entre ellas Mary Daza, (3) María Lorena Fernández, Tatiana Britto González, Liliana Díaz Escobar, Bélgica Quintana de Márquez y Alba Vega Amaya. Las dos últimas fueron ganadoras del Concurso Departamental de Cuento de la Guajira en el año 2002. Hay dos autoras reconocidas ampliamente con sólo un libro de cuentos cada una, sus relatos han sido reproducidos en colecciones de cuentistas propias del departamento: Vicenta Siosi y Estercilia Simanca. Aunque numerosos medios, leídos y estudiados en escuelas y colegios de La Guajira, llevados al teatro y comentados por sus propias autoras en las frecuentes invitaciones que reciben de instituciones educativas de la región.
Vicenta Siosi Pino es autora de ocho relatos, reunidos en el volumen El dulce corazón de los piel cobriza, publicado en el 2002 bajo el auspicio del Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Artes de La Guajira. (4) Estos relatos muestran distintas actitudes de indígenas wayuu o de sus descendientes directos hacia su propia cultura y hacia la interacción de esta con culturas arijunas, no wayuus. (5) Las historias se cuentan desde la mirada cuestionadora de mujeres, niñas, niños y animales. En el relato que da título al volumen, Wachir, un niño wayuu de doce años, al entrar a la escuela aprende que aunque su mundo indígena es objeto de burla de sus compañeros, también despierta enorme curiosidad en algunos de ellos. Tres de estos compañeros emprenden en secreto una excursión hacia una ranchería wayuu, pero la comunidad arijuna asume que los infantes fueron secuestrados por los indígenas. El relato denuncia la ignorancia, el irrespeto y el despliegue absurdo de poder de los arijunas hacia la comunidad wayuu. El final del cuento es muy esperanzador, pues cifra en los niños la posibilidad de un cambio de actitud de los arijunas y de un futuro de respetuosa convivencia. También predomina una visión optimista en "La señora Iguana" relato ganador del Concurso Nacional de Cuento Infantil, Comfamiliar del Atlántico 2002. De nuevo aquí, a partir de la intermediación de los niños, es posible una convivencia respetuosa y feliz entre seres de diverso origen, en este caso, entre los animales del jardín y los humanos. El uso deferente del apelativo 'señora' para representantes femeninos de los dos grupos marca la condición de igualdad entre los mismos. En este relato, una iguana convence a los seres humanos del derecho que también ella tiene a asolearse, a reproducirse y a vivir, como lo expresa en la carta que dirige a la Señora Josefa: "Quiero tener hijos para asolearlos y pasearlos por las lagunas aspirando el aroma de las cerezas después de las lluvias mientras escuchamos la música de los pájaros. Por favor no me mate" (93).
Otro cuento de Siosi, "Esa horrible costumbre de alejarme de ti," se ocupa también de la incomprensión, pero esta vez, de la incomprensión que exhibe una jovencita wayuu alienada de su propia cultura. Aquí una madre wayuu lleva a la ciudad a su pequeña hija (de la cual no se sabe el nombre) para dejarla en una casa arijuna donde la "eduquen y le enseñen buenas costumbres", según expresa la madre. Después de años de sufrimiento y de asimilación, la muchacha repudia su comunidad ancestral y anhela el mundo arijuna que la expulsa. A diferencia de este relato, en "El orgulloso vericueto de mi linaje," una descendiente wayuu narra la historia de sus ancestros indígenas, pero desde la orgullosa afirmación de su abolengo, especialmente el de las poderosas figuras femeninas de su clan.

No he vuelto a escuchar los pájaros del mundo" es el más sobrio y lírico de los relatos de Vicenta Siosi. En este, una muchacha wayuu de diecinueve años rememora su infancia y pubertad de niña hermosa y llena de ilusiones, y contrasta tal época con el momento en que vive, casada con un hombre mucho mayor que ella, con tres hijos de él, enferma, con una existencia marcada por el hambre que "la apreta con sus tres manos y se roba la luz de sus ojos" (98). A partir de esta reflexión, la muchacha cuestiona las rígidas leyes wayuu que no permiten a las mujeres decisión alguna sobre su matrimonio y sobre su destino: Me acosté en un chinchorrito y pude ver la luna llena alumbrando los caminos arenosos de La Guajira y vi que las noches, aún de luto, traen su resplandor y pensé cosas buenas, pero la luna también iluminó mi manta raída y mis uñas carcomidas por el mugre. Y escuché la voz sin rostro del murmullo: que fea está y del abismo de allá adentro subió un calor. Antes de prender el fogón fui a la casa de la salida de la ciudad y pedí a la arijuna un espejo. El cabello un rastrojo tostado por el sol, la piel tiznada, la boca mueca, y los ojos infinitamente tristes en diecinueve lluvias vividas. Corrí con todas mis fuerzas/,Huyendo de quién? De la ley, me dije, ella ya hizo uso de ti contestó una bandada de gallinazos y corrí más y mientras corría recordaba que ya no me alegraba recoger cerezas, ni había vuelto a escuchar los pájaros del mundo cantando en la aurora de los wayuu y con un dolor oprimiéndome el pecho tuve la certeza de haber muerto la noche en que un hombre de medio siglo se posó sobre mí (103).
Este relato muestra, además, el desconocimiento que tienen las y los arijunas sobre las condiciones de vida de las wayuu, como se evidencia en el siguiente pasaje: Un día la arijuna me dijo por Dios mujer no paras más y yo no sabía cómo no parir más, pero no contesté nada, nunca le decía nada. Cuando nació el tercer bebé perdí el segundo diente y la arijuna dijo tienes mucho dinero que pares tanto y no dije nada porque si tuviera dinero hubiera comprado una gaseosa roja para saber a qué sabía o probaría una bola de chocolate. (102)
También el mundo wayuu es referente principal en los relatos de Estercilia Simanca Pushaina. Sus cuentos han sido resefiados en Cuatrogatos, El Colombiano, El Tiempo, Revista Com familiar del Atlántico y Revista de Fundalectura. En uno de sus textos más conocidos, titulado "Manifiesta no saber firmar. Nacido: 31 de diciembre," desde la mirada desprevenida de una jovencita indígena, muestra el irrespeto, el atropello y la explotación de que son objeto los indígenas wayuu por parte de los políticos de turno. La narradora percibe la hipocresía y el absurdo de los manejos políticos de los arijunas. Este relato, que en el 2004 fue ganador del Concurso Nacional Metropolitano de Cuento de la Universidad Metropolitana de Barranquilla, toma su título de las prácticas alienantes que impone el gobierno colombiano a la comunidad wayuu. Tales prácticas desconocen la individualidad de los indígenas cifrada en el nombre personal, en el apellido que señala el clan materno al cual pertenecen y en la fecha de nacimiento de cada uno. En el afán por cedular a los indígenas para convertidos en votantes, los funcionarios de la Registraduría Nacional los declaran a todos "nacidos el 31 de diciembre" e incapaces de firmar con su nombre. La burla de los arijunas hacia los wayuus es obvia también en la grosera práctica de cambiarles el nombre para llamarlos, en muchos casos, con términos que los ridiculizan: Toda mi familia hizo una larga fila junto con otras gentes que venían de otras rancherías para recibir una tarjetita plástica que ellos llamaban cédula. Eran las mismas que ellos se habían llevado una semana antes de las . Ese día me enteré que mi tío Tanko Pushaina se llamaba Tarzán Cotes, [...] que Castorila se llamaba Cosita Rica, [...] que Anuwachón se llamaba John F. Kennedy, que Ashaneish se llamaba Cabeza [...], que Cotiz se llamaba Alka-Seltzer (43).
Una forma más de irrespeto que observa la narradora es el comportamiento seductor y en ocasiones abusivo de los candidatos hacia las mujeres indígenas. Ella misma se muestra perturbada por el beso que recibió de uno de estos candidatos: "Recuerdo que ese beso me robó el sueño por muchas lunas. Ese momento se repetía en mi mente una y otra vez mientras trataba de dormir en mi chinchorro, quería que el señor Candidato regresara y me besara nuevamente, pero no lo hizo. Ni siquiera me miró cuando fuimos a su casa grande" (42). El conflicto emocional de la narradora debido a las expectativas que tiene sobre un posible romance con el 'señor Candidato', se asemeja al conflicto que sufre la colectividad al ver traicionada la confianza puesta en las promesas de los políticos de turno.
Otro relato muy conocido de Estercilia Simanca es "El encierro de una pequeña doncella," finalista en el 2003 en el Concurso Nacional de Cuento Infantil Comfamiliar del Atlántico, nominado por Fundalectura e incluido en el 2006 en la lista de honor de IBBY (Comité Internacional del Libro para Jóvenes). Esta historia se narra desde la perspectiva de una jovencita wayuu que pasa por el encierro, costumbre ancestral de encerrar y esconder a las mujeres de la tribu que empiezan su edad reproductiva. En este periodo las muchachas son instruidas por otras mujeres de la comunidad en los quehaceres que les corresponderán una vez sean tomadas en matrimonio, tales como tejer, moler maíz, preparar la chicha y atender sexualmente al marido. En el cuento, el aprendizaje del tejido es posible gracias a la aparición en sueños de Waleket, la tejedora. En todos los cuentos de Estercilia Simanca se exalta el papel fundamental de los sueños para guiar las acciones de los wayuu. Todos los relatos, además, terminan con un epílogo que revisa los eventos desde la perspectiva del protagonista --ahora adulto-- que relata a otros, probablemente a niños, sus experiencias como miembro de la comunidad wayuu. Tal procedimiento narrativo exalta la dimensión didáctica ancestral del relato.

By: Patiño Mejía, Ana MercedesPublication: Estudios de Literatura Colombiana Date: Sunday, July 1 2007